Instalación
(Colectivo Andamio)
La breve historia de las escaleras se remonta a las primitivas construcciones del hombre desde el acceso a las primeras cabañas sobre pilotes, origen lógico que se reconoce aun en las construcciones contemporáneas y de data más antigua. Este elemento constructivo debía, en primer lugar, satisfacer una finalidad - funcionalidad concreta, aunque a lo largo del tiempo absorbió un carácter sacro. La escalera servia, en sentido figurado, para ascender a la altura divina, como conexión entre el cielo y la tierra. A esta relación es ejemplar el caso de la torre de babel en condición de rampa helicoidal. También corresponde a este género la escalera bíblica de Jacob, las pirámides escalonadas de Egipto, Perú, México… entre otras. La llamada escalera celestial de Shantung en China y las escaleras astronómicas de la India que al igual que la mayoría de estas instalaciones, servían también para fines científicos, sin dejar atrás el maduro de hoy, al considerarse como majestuosas obras.
Todas las escaleras de este tipo simbolizan el cansado y peligroso ascenso hacia el sol, hacia la luz y los dioses, hacia el espacio – tiempo y su infinitud, chocantemente finita; evidenciando el abismo que existe entre la razón humana, los principios rectores del universo y la materializante fe del hombre a sus fantasías eternas. La escalera a desnivel es en si una metáfora para tratar de simbolizar la experiencia mística en medio de la vida cotidiana y sus contrahuellas, como se evidenciaba ya en el siglo XVI en “la torre de babel” de Pieter Brueghel, “El Viejo”
Podemos entonces, analizar nuestro entorno, y a nosotros mismos, darnos cuenta de realidades, emerger aproximaciones de verdad y a su vez mostrar nuestros mas oscuros deseos, en ocasiones con algo de humor o de gracia, pero es atípico e inusual, todo depende de la forma, de la mirada, del contenido, de su realización y carga critica; puesto que caemos en el absurdo de la irrelevancia multitemática que nos absorbe e implanta en la rutina, creando miedo, incertidumbre, dolor, vidas insatisfactorias construidas al borde del abismo…
Nos lanzamos al precipicio con ausencia de pensamiento, creando preguntas imposibles y abismos sin respuestas.
Como dice un verso de Salvatore Cuasimodo:
Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
traspasado por un rayo de sol:
y de repente es noche.
Cada uno de nosotros nos vemos arrastrados por oscuras pasiones que desembocan en un trágico final, un final no deseado con furia y soledad pero lo que no entendemos es que estos abismos hacen parte de nuestra realidad y cada uno debemos enfrentarlos a batalla para crear abismos de mejores tallas…
Construimos nuestro propio abismo vesánico y lentamente entramos en conflicto esperando la hora del impacto, pues tanto el abismo como el camino escalón por escalón es duro, frió, y en ocasiones solitario, como un tropiezo de sensaciones que viajan a través de nuestros nervios, que los revoluciona, los eleva, los ataca, y los lleva al máximo afectándonos psicológica y emocionalmente. Es así como se trauman los sentidos, puesto que basta un solo transgredir para crear conmoción en el individuo y desequilibrar el resto, tentándonos en nuestras partes más sensibles en la obviedad de todos al tener vacíos y un mal camino que recorremos una y otra vez, aislándonos por momentos pero volviendo a el. Así pues, podrán ser nuestros vicios, nuestras fantasías, nuestras aberraciones o nuestros secretos mas íntimos, y absurdo o no, romper con nuestras propias y supuestas lógicas, paradigmas o incoherencias hace peso para guiar nuestra conducta por el camino de la no replica. Del no razonamiento tardío donde el efecto espacial de una escalera, como elemento arquitectónico configurado, puede contribuir a la composición.
Esta ubicación responde entonces, a problemas estructurales y reflexiones estratégicas sobre la defensa de un sentido mucho más trascendental para este tipo de edificios, que aun en nuestra contemporaneidad no logran liberarse de las coerciones morales, administrativas, religiosas, y por que no, feudales. Si después de tantos años de merodear entre uno que otro amparo virtual, los cuales incluso parecieron haber sido mejor perneados de imaginación, fantasía e ilusiones a manera mas acogedora y reciproca; hoy que gozamos de “titánicas” y supeditadas estructuras como estas, no son más que rentas en usufructo, obligadas a guardar fidelidad de vasallo a su donante. Esta “evolución” en la escuela puede reseguirse también en el diseño de las escaleras: invitadoras, despaciosas y representativas del desequilibrio irrazonable de la academia, en contraposición y resistencia al aumento del mismo, suministrado por las influencias encargadas de la composición de su fachada como proyecto, convirtiendo el paso por ella, en un recorrido en el que la vida se ve presentada como el acto efímero de subir o bajar, entrar y salir.